Situación 1.
Supongamos que mi hermana se llama Marina.
Llamo, un día, al teléfono de ella. Me atiende alguien del otro lado, alguien que no es Marina porque, oh deducción, tiene voz de hombre. El diálogo se da más o menos así:
DONNIE: —¿Hola?
EXTRAÑO: —¿Hola? ¿Quién habla?
D: —¿Está Marina?
E: —No, no está. ¿Quién habla?
D: —El hermano de Marina. ¿Quién habla ahí?
E: —Yo soy el hermano de Marina. ¿Quién habla?
D: —El hermano de Marina.
(silencio atónito de ambos lados)
D: —¿Quién habla ahí?
E: —El hermano de Marina.
Corto. Pienso pienso pienso. Alguien me está tomando el pelo. Algún amigo de mi hermana le agarró el teléfono y me está tomando el pelo. O le robaron el celular. ¿O no? Al rato, descubro que el que marqué de memoria era, efectivamente, el número de Marina, pero de otra Marina, una amiga mía. El que hablaba del otro lado era, efectivamente, el hermano de Marina. También yo. Misterio resuelto.
Situación 2.
Supongamos que mi amigo se llama Pablo.
Llamo, un día, al teléfono de él. Me atiende alguien del otro lado, alguien que, en un principio, parece ser Pablo, pero que enseguida deja notar en su voz cierta tonada no característica. El diálogo se da más o menos así:
DONNIE: —¿Hola?
'PABLO': —Hola.
D: —¿Pablo?
P: —Sí. ¿Qué hacés?
D: (inseguro) —Bien... acá ando. ¿Vos?
P: —Bien, bien...
D: (ya incómodo) —Bien. Escuchame, después te llamo y hablamos bien.
Corto. Pienso pienso pienso. Ése no es Pablo. Le mando un mensaje de texto: "¿Todo bien". Me responde: "Tdo bn. Vos?". ÉSE NO ES PABLO. Pienso pienso pienso. Le robaron el celular. ¿Qué puedo hacer? No mucho, pues. Habíamos quedado en juntarnos esa misma noche. No puedo hacer mucho, pues. Esa noche —y de purísima fortuna— me lo cruzo. Le pregunto qué pasó. Me cuenta que se olvidó el teléfono en el taxi, y que un peruano (de ahí la tonada) lo encontró, se lo quedó, lo usó —hasta devastarle el crédito, llamadas a la tierra natal incluidas— y se lo devolvió, previa recompensa. Tan cómodo se sintió con el teléfono ajeno que hasta se hizo pasar por el dueño. Me dio un poquito de fresco en la espalda, pero no pasó de eso, a Dios gracias. Anécdota loca. Misterio resuelto.
Situación 3.
Supongamos que mi hermano se llama Gustav.
Recibo, ayer, una llamada de número desconocido. Atiendo.
DONNIE: —¿Hola?
EXTRAÑO: —Hola.
D: —¿Quién habla?
E: —¿Donnie? (*)
D: —Sí, ¿quién habla?
E: —Qué hacés, negro...
Se corta. Pienso pienso pienso. ¿Quién carajo..? Llamo de regreso.
EXTRAÑO: —Donnie...
DONNIE: —¿Quién habla?
E: —Negro, cómo andás...
D: (ya crispado) —¡¿Quién habla?!
E: —Gustav.
(enseguida pienso: ése no es mi hermano, pero no conozco a ningún otro Gustav, mejor le sigo la corriente)
D: —Hola, Gus...
(silencio)
E: —Ay, disculpame, no era para vos el llamado. Me confundí de Donnie.
Corta. Este tipo se llama igual que mi hermano, pero no es mi hermano. Tiene en su teléfono a dos Donnies: me conoce, y sin embargo no tengo la más perra idea de quién es él. Me tiene en su teléfono. Incomodidad. No entiendo. Misterio no resuelto.
Algunas veces juraría que soy Truman.
(*) Sentiende que nunca dijo 'Donnie', ni que tiene en su teléfono a dos 'Donnies', ¿eh?
Supongamos que mi hermana se llama Marina.
Llamo, un día, al teléfono de ella. Me atiende alguien del otro lado, alguien que no es Marina porque, oh deducción, tiene voz de hombre. El diálogo se da más o menos así:
DONNIE: —¿Hola?
EXTRAÑO: —¿Hola? ¿Quién habla?
D: —¿Está Marina?
E: —No, no está. ¿Quién habla?
D: —El hermano de Marina. ¿Quién habla ahí?
E: —Yo soy el hermano de Marina. ¿Quién habla?
D: —El hermano de Marina.
(silencio atónito de ambos lados)
D: —¿Quién habla ahí?
E: —El hermano de Marina.
Corto. Pienso pienso pienso. Alguien me está tomando el pelo. Algún amigo de mi hermana le agarró el teléfono y me está tomando el pelo. O le robaron el celular. ¿O no? Al rato, descubro que el que marqué de memoria era, efectivamente, el número de Marina, pero de otra Marina, una amiga mía. El que hablaba del otro lado era, efectivamente, el hermano de Marina. También yo. Misterio resuelto.
Situación 2.
Supongamos que mi amigo se llama Pablo.
Llamo, un día, al teléfono de él. Me atiende alguien del otro lado, alguien que, en un principio, parece ser Pablo, pero que enseguida deja notar en su voz cierta tonada no característica. El diálogo se da más o menos así:
DONNIE: —¿Hola?
'PABLO': —Hola.
D: —¿Pablo?
P: —Sí. ¿Qué hacés?
D: (inseguro) —Bien... acá ando. ¿Vos?
P: —Bien, bien...
D: (ya incómodo) —Bien. Escuchame, después te llamo y hablamos bien.
Corto. Pienso pienso pienso. Ése no es Pablo. Le mando un mensaje de texto: "¿Todo bien". Me responde: "Tdo bn. Vos?". ÉSE NO ES PABLO. Pienso pienso pienso. Le robaron el celular. ¿Qué puedo hacer? No mucho, pues. Habíamos quedado en juntarnos esa misma noche. No puedo hacer mucho, pues. Esa noche —y de purísima fortuna— me lo cruzo. Le pregunto qué pasó. Me cuenta que se olvidó el teléfono en el taxi, y que un peruano (de ahí la tonada) lo encontró, se lo quedó, lo usó —hasta devastarle el crédito, llamadas a la tierra natal incluidas— y se lo devolvió, previa recompensa. Tan cómodo se sintió con el teléfono ajeno que hasta se hizo pasar por el dueño. Me dio un poquito de fresco en la espalda, pero no pasó de eso, a Dios gracias. Anécdota loca. Misterio resuelto.
Situación 3.
Supongamos que mi hermano se llama Gustav.
Recibo, ayer, una llamada de número desconocido. Atiendo.
DONNIE: —¿Hola?
EXTRAÑO: —Hola.
D: —¿Quién habla?
E: —¿Donnie? (*)
D: —Sí, ¿quién habla?
E: —Qué hacés, negro...
Se corta. Pienso pienso pienso. ¿Quién carajo..? Llamo de regreso.
EXTRAÑO: —Donnie...
DONNIE: —¿Quién habla?
E: —Negro, cómo andás...
D: (ya crispado) —¡¿Quién habla?!
E: —Gustav.
(enseguida pienso: ése no es mi hermano, pero no conozco a ningún otro Gustav, mejor le sigo la corriente)
D: —Hola, Gus...
(silencio)
E: —Ay, disculpame, no era para vos el llamado. Me confundí de Donnie.
Corta. Este tipo se llama igual que mi hermano, pero no es mi hermano. Tiene en su teléfono a dos Donnies: me conoce, y sin embargo no tengo la más perra idea de quién es él. Me tiene en su teléfono. Incomodidad. No entiendo. Misterio no resuelto.
Algunas veces juraría que soy Truman.
(*) Sentiende que nunca dijo 'Donnie', ni que tiene en su teléfono a dos 'Donnies', ¿eh?

7 comentarios:
Excelente! (sería tanto mejor si fuera absolutamente falso, pero igua sigue siendo excelente).
entre la dimensión desconocida y los misterios de sccoby, eh!!
Jijiji!Yo te dije que tenías que escribir un guión con todas estas situaciones... Todavía me debés la del teléfono "ligado"...
See you around! wiiiiii!
Muy bueno.
¿Qué nos enseña el post?
Que la tecnología ha llegado. Pero tal vez tendría que haber esperado a que estemos preparados...
S.
Yo creo que la enseñanza es que, de proponérselo, las empresas telefónicas dominarían el plantea. Pero estan demasiado ocupadas planeando cómo subir sus tarifas.
La de Marina mencantó, por aquello de estar hablando con uno mismo en otra dimensión paralela. La del peruano es inquietante, da miedito, que quiere usted que le diga. Pero lo que no entiendo es como hace usted para aguantarse las ganas de llamarlo al flaco de la tercera situación y preguntarle ¿de qué cornos me conocés vos?
Memeate algo.
Más detalles en mi blog :-)
BIG CHAN!
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